
Contra lo que cabría suponer, estas circunstancias no hacen que el hold’em sea la variedad más sencilla de jugar. En el hold’em los buenos jugadores, aquellos que se esfuercen por descifrar Las cartas ajenas, tienen derecho a exigir una recompensa por su esfuerzo.
Este es el motivo principal por el cual el póker cerrado -otrora a más popular de las variedades- prácticamente ha desaparecido de los circuitos oficiales. Es más, Mike Caro ha anunciado oficialmente su deceso. Al ser la LDM una tarea titánica y muchas veces imposible (en el cerrado), actúa como un freno para que se destaquen los mejores. Como nadie puede leer el juego rival, buenos y malos son colocados en igualdad de condiciones.
Existe en el hold’em una armonía entre la relación de cartas comunes y particulares así como entre ellas y el número de rondas de apuestas. Esto permite un escalonamiento de los jugadores agrupándolos por su jerarquía. Es un arma más, y muy poderosas de las que se pueden incorporar al arsenal. Si aceptamos que leer cartas es posible, los que lo hagan sea por talento natural, adquirido o ambos, podrán sacarle ventajas a los que no.



