Ni la mera existencia del azar, ni el trascurrir del tiempo, ni siquiera las mejores cartas entre los dedos son garantías suficientes en el póker. No alcanza. Se necesitan sucesivas tácticas para acercarse a la mejor estrategia. Astucia de base, indispensable. Concentración absoluta, imprescindible.
Tener paciencia, calma y no desesperar son actitudes que pueden acercarlo al éxito en el póker. Saber “cuándo” es otro de los principios fundamentales para una buena estrategia. Si su mano es mala, no lo piense: ¡retírese! Es necesario contar al menos con un par o cuatro naipes para una escalera o un full. Aprenda a deshacerse de una mano cuando no es lo suficientemente buena. Recuerde que sus cartas de inicio serán la estructura de su juego. No hay altas probabilidades de mejorar ese comienzo. Además, jugar muchas manos puede convertirse en una pésima estrategia. Probablemente ganará más en el póker si se retira con más frecuencia.
Rapidez visual, rapidez mental. No deje de observar constantemente al resto de los jugadores. Debe ser capaz de descubrir rápidamente quienes son los más fuertes en la mesa. Una vez resuelto esto, por más dificultoso que sea debe tratar de no jugar manos de apuestas elevadas con ellos. En este orden, si es principiante en el póker debe saber que no es una buena estrategia elegir una mesa con jugadores más experimentados o en la que se realicen apuestas demasiado altas. ¡Tenga precaución!
Ser el dueño de una mano de póker invencible puede valer oro, ocúpese de que el resto pague mucho para verla. ¡No pierda la oportunidad!
Existe un truco esencial en el camino de un buen estratega: mantenga su ego dentro de límites razonables. Nunca se convenza que es un excelente jugador, está comprobado que se necesita muchísimo dinero para respaldar esa actitud.
Por último, es necesario recordarle que existe mucho más detrás de estos trucos. Actitudes, miradas intimidantes, lenguajes corporales, “tirar un farol”, y aún más. Tácticas y estrategias que hacen del póker lo que es.



