Por el contrario, saber lo que tienen los demás cuando se está arriba permitirá exprimir al máximo las situaciones de ventaja u obtener máximo provecho (full value) de ellas. Esto es apostar la suma que se encuentra en el límite exacto de lo que el oponente estaría dispuesto a ver. A grandes rasgos, si la lectura nos dice que no tiene nada, esa apuesta tendrá que ser baja o muy baja, dependiendo ese monto, además de lo poco valioso de su juego, de quién detenta esas cartas; y, progresivamente, a medida que su juego sube, se podrán incrementar los límites de las posturas, tratando de dar en el clavo con la suma que él esté dispuesto a ver.
Uno sabe que sacó máximo provecho en un pase cuando el que pierde, luego de ver el juego que lo supera, dice: “Un peso más y me hubiera ido al mazo”.
La importancia de la LDM se acentúa en el hold’em sin límite. Las razones son tres.
1. Número de cartas cubiertas. En el hold’em cada jugador recibe dos cartas cubiertas, el resto están a la vista. Si bien son muchas las cartas del mazo restantes, hacer el intento de descubrirlas parece un objetivo razonable. Comparen este escenario con el del póker cerrado donde se reciben cinco, o con las cuatro del Omaha.
2. Rondas de apuestas. En el hold’em hay cuatro rondas de apuestas. En cada ronda y con cada acción que se toma en ellas, los jugadores deslizan algún tipo de información acerca de su juego. Comparen las cuatro rondas del hold’em con las dos del cerrado. Luego veremos por qué las apuestas son uno de los signos cardinales en la LDM. Siendo así, habrá más oportunidades de evaluar patrones en cuatro rondas de apuestas que en dos.



